Ya hemos hablado acerca de la turbo sobrealimentación, éste post tratará acerca de las ventajas de cada método.
La diferencia fundamental entre los dos es que, mientras que en el atmosférico es la fuerza de succión del pistón la que se encarga de aspirar el aire necesario para la combustión, en el turbo, es el compresor el que insufla la cantidad necesaria.
De esta forma en la respiración atmosférica el motor obtendría mas potencia aumentando su régimen de giro, esto se consigue cambiando el árbol de levas para que las válvulas permanezcan más tiempo abiertas, además de cambiar también el sistema de admisión y de escape. La ventaja de todo esto es que se puede aumentar la potencia de un atmosférico hasta en un 50% por un coste relativamente bajo, no obstante tiene la desventaja de perder una cantidad importante de torque a bajas revoluciones.
En cuanto al turbo, el aumento de torque y de potencia que se consigue al cambiar el equipo suele ser impresionante, a costa, eso sí, de un mayor desembolso económico. Aunque los turbocompresores también pierden torque a bajas revoluciones, este sistema ofrece más juego que el motor atmosférico ya que permite la instalación de otro compresor más pequeño que funcione a bajas revoluciones, compensando de esta manera la caída de torque. Modificando motores turbo la potencia se puede aumentar hasta un 100%.
Por lo tanto en potencia parece claro que ganan los turbo por goleada, pero el problema viene a la hora de la fiabilidad, y es que los motores turbo sobrealimentados tienen más piezas móviles, y por lo tanto un mayor desgaste, y esto, por lo general, se traduce en una menor vida útil.
En resumen, si quieres un motor fiable y que puedas modificar por un bajo coste, el tuyo es un atmosférico, pero si lo que quieres es un motor pasional, con potencia para dar y tomar, y un torque descomunal, no te lo pienses, di sí al turbo.


