
La correa de distribución es uno de esos elementos críticos del vehículo cuyos cambios hay que llevar a rajatabla porque si no, nos arriesgamos a destrozar literalmente el motor, por eso, a pesar de ser una tarea de mantenimiento relativamente cara, es algo que hay que hacer sí o sí.
En este post os explicaré a grandes rasgos en qué consiste el proceso de reemplazo para que así tengáis algo de idea para cuando os toque llevar el coche al taller a cambiarla.
En primer lugar, la correa de distribución en sí no es un elemento especialmente caro (suele costar sobre 50€), pero para reemplazarla hace falta desmontar buena parte del motor, algo que puede llevar varias horas de trabajo, por eso lo común es que se aproveche para cambiar también la bomba de agua y la correa trapezoidal.
La operación puede variar dependiendo del coche, pero por lo general en un modelo con motor transversal, se reduce a “soltar” el motor del coche, elevarlo y reemplazar los tres componentes, para después depositarlo de nuevo en su sitio.
Si no os asusta mancharos las manos, y tenéis o conocéis a alguien que tenga herramientas especializadas (elevador, llave dinamométrica…), podéis intentar cambiarla vosotros mismo, pero no es muy recomendable ya que no es una operación sencilla, lo más seguro es que lo dejéis en manos de vuestro mecánico de confianza.
Si queréis saber cada cuanto tenéis que cambiar la correa de distribución, lo mejor es que le echéis un vistazo al manual del fabricante, aunque por lo general se recomienda cambiar las correas y la bomba cada 80.000 km.
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